(A veces entro en lo humano...)
A veces entro en este dialecto de cuerpos,
y descubro pieles deshidratadas de amor,
diálogos de barro cocido entre ásperas heridas.
Sí, siento la temperatura de mi piel, de soledad,
pero deslizándose hacia un gélido vértigo…
Un largo camino en un tablero de ajedrez,
retículas de vida vacías, huecos de dolor,
donde un corazón palpita carámbanos de madera,
y el destino respira virutas de esa angustia que asfixia.
Desfigurado en la belleza monstruosa
de las tristes formas contradictorias,
me desvanezco como el humo,
suspiro a suspiro, sigilo a sigilo.
Vivo herido, mi sabor es la tristeza del toronjo,
pero amo en mi silencio a un no sé quién...,
la inquietud entre sábanas negras,
que se pliegan alrededor de mi cuerpo
y embalsaman la insomne desesperanza .
Vivo herido, y no sé vivir, no aprendí la gramática de ser.
La jauría invisible de la realidad me dirige y me gobierna,
como un monstruo todo poderoso hasta la extenuación…
No puedo contener todo el Universo,
en este paupérrimo corazón de carne,
que como copo de suave hiel se deshace,
sin nombre y sin sangre, en el muladar del olvido.
Vivo herido, y no sé amar.
No logro sostener el calor de otro fuego,
ni conjugar todos los verbos del tiempo,
que se despliegan en versos sepultados.
Vivo herido, y no sé vivir, y no sé hacer vivir.
JMGU
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