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jueves, 27 de septiembre de 2018

Lloro la desesperación
de los hombres buenos.

Es tan infinito el universo,
y tan eterno el hombre,
que todo acaba con un silencio,
y una lágrima curvada sobre sí misma,
pero siento desmembrarme,
implosiones de amor crucificado,
explosiones que dibujan el Cosmos
en garabatos inocentes de libertad,
entre tristezas de cal viva,
entre todo, ahora y siempre,
orientado y desorientado,
entre lo frondoso y lo marchito,
entre funambulistas y beodos del no saber,
entre amedrentados en las sombras
e intrépidos de la luz sin destino.

Lloro la desesperación
de los hombres buenos.
Lloro en todos los finales de otoño,
cuando la vida de todos los hombres,
se posa en los ecos sonoros del silencio.


JMGU

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