Calicles, comensal del siglo XXI,
pasea victorioso, eréctil y lineal,
sobre los secos cráneos descarnados:
los débiles, las víctimas, los frágiles,
tras ser ejecutados con versos de metal,
deben humear después del crematorio.
Toda la naturaleza, sobre la ley, grabada,
sobre los genes elegidos de lo perfecto.
Sobre aquel transfondo de lo intangible, veremos el desposorio de los contrarios.
Calicles se muerde eterno,
en el torrente del deseo,
muerde la desmesura de la sangre.
Sócrates sostiene la verdad,
en un sorbo sereno de cicuta,
sonriendo amable a la hipocresía malévola.
JMGU
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