Hoy siento que las palabras yacen,
en los tugurios de la desesperación,
en la fatalidad de los falsas promesas,
la ingravidez del decir impasible y hueco.
Antaño un decir escrito cincelaba la ley moral,
antaño un decir escrito tejía los sueños de siempre,
hacía cambiar el corazón de los pueblos sordos,
antaño un decir escrito se hacía confidencia,
decir bien, hacer bien, amar bien,
amistad en la textura de la palabra honrada.
Las palabras ya no tienen belleza,
ni justicia, ni bondad, ni verdad, ni amor...,
se tiznan de hipocresía y lupanar,
compremos y vendamos la palabra.
La pluma ya no quiere trazar en pergamino,
la vocal, la consonante, la sílaba, la palabra, la oración,
la vida, el misterio de un signo frágil de libertad soportado,
Madre Literatura redímenos de la incomunicación,
enséñanos a escribir en una humilde carta los sentimientos
que enamoran los universos perdidos por la soledad.
Desvirtualízanos, deshaz los verbos que se deslizan,
por los calles llenas de miseria y residuos de indolencia.
Hoy las palabras ya no embriagan la carne de esperanza,
la poetas lloran su destierro en la melancolía de su fracaso,
desnudamos la banalidad de formas histriónicas,
y embellecemos de paradojas a la vida que nos embarga,
somos estrellas ocultas en el silencio de los sentimientos.
Los poetas amamos lo incomprendido, la palabra,
y por ella morimos en el destierro de los desamparados.
JMGU
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