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domingo, 24 de marzo de 2019

El universo surgió y se pintó
con negros tirabuzones gitanos.
Todo comenzó con el misterio,
del misterio vino el fuego festero,
del fuego indómito vino el compás,
del compás, la tierra, gitana,
y de la voz, la oracion rota,
lamentos rizados, oxígeno doliente,
y de las palmas, el mantra del deseo:
un, dos,
una, dos y tres,
cuatro, cinco, seis,
siete, ocho,
nueve y diez.
Solo me queda el circulo eterno,
alrededor pastan las carretas añejas,
y en el centro, el gitano y el viento,
enamorando estrellas y planetas,
bailando la alegría de una madrugada.

Todo se hace tan sagrado...,
que viene el éxtasis de dioses,
religación, carne sempiterna,
se congregan al compás, el quejío y la danza,
trenzan sus cuerpos con la mística gitana,
explotan todos los cuerpos en su belleza,
y llega el silencio, con su toná, su martinete,
llamando al sueño de la verdad que se oculta,
los dioses vuelven a sus sagradas escrituras,
y los gitanos se quedan en la carne y con la luna,
esperando la revelación de los pueblos eternos.

JMGU

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