Presiento tu sucia desnudez,
recatada, desconfiadamente
sensual, tu eres el pétalo furioso,
de un sépalo fucsia que arde insulso
a tu alrededor, dolor gélido y sin placer,
tu mirada me hizo un muro de piedra,
me das la espalda iracunda, indiferente.
No importa, seré piedra que te ama,
por los milenios de los milenios, Lisa.
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