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miércoles, 21 de noviembre de 2018

Una lápida de silencios
Poema publicado el 26 de Enero de 2010

Una lápida de silencios,
y un recuerdo cincelado,
por haber amado la vida;
¿es el mayor mérito del único fin?

Siglo tras siglo, nos devolvemos a la tierra:
Un bajorrelieve triste en fría piedra de granito y olvido,
acariciado por un manto de otoñales hojas muertas,
con el afligido silbo luctuoso y delirante.

Al final, todos los muertos, un ayer en alta mar,
donde lentamente se consumen  los recuerdos,
en una tierra que nos da la hospitalidad, nos acoge,
para venir, estar y vigilar nuestro adiós a la vida
como el pábilo de una vela en la noche,
nublándose con lágrimas de cera, secas,
que se incrustan como vértices de hiel,
hendiéndome el alma hasta lo desconocido,
cascada de límpida y serena angustia de soledad .

Siglo tras siglo, nos devolvemos a la tierra:
Un bajorrelieve triste en fría piedra de granito y olvido,
acariciado por un manto de otoñales hojas muertas,
con el afligido silbo luctuoso y delirante.

Contrarios enamorados, en la tragedia,
disonancias insípidas, en el desamor,
vómitos de ternura, después de la crueldad,
fragmentos vagabundos, por aquel abandono,
en las marismas del olvido insoportable,
siempre hay esa belleza oculta que recordar.

Siglo tras siglo, nos devolvemos a la tierra:
Un bajorrelieve triste en fría piedra de granito y olvido,
acariciado por un manto de otoñales hojas muertas,
con el afligido silbo luctuoso y delirante.

Espero vencido detrás de un verso que se mece,
con el cálido anhelo acogedor de lo eterno,
sentado en mi enjuta mesa de ahoras cansados,
y doliéndome en un mar de amapolas malheridas.

Una lápida de silencios,
y un recuerdo cincelado,
por haber amado la vida;
¿es el mayor mérito del único fin?
Paz amable en la última espera...

JMGU

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