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viernes, 2 de noviembre de 2018

Eres el útero infinito del amor,
embadurnada de belleza otoñal,
delicada hoja caída del tiempo,
desnuda suavidad en llagas frescas,
de sana arcilla húmeda, mujer.
Te miro, y me miras, nos miramos,
nunca de frente a la verdad,
distraída en la soledad,
del diáfano espacio curvado,
y el funesto kairós que habitas,
tiznados ojos de cansancio,
desazón en la tersura de tu piel,
ardiente y ajada de engaños.
Figura de trazos heridos,
cuerpo de mujer golpeado,
en cada siglo de hombres,
se desgrana tu polen virgen,
por tus bermejos cabellos lanceolados.

La mano que te hirió, sangra,
el pincel que te dibujó destila,
no otoños, pero sí una feraz luna,
de ternura  abandonada en un suspiro.
El sueño de una mujer siempre,
fusiona antagónicas distancias,
simiente de luz a la roca muda y gélida,
tierra fértil en el verso del poeta,
aunque...,
embadurnada de belleza otoñal,
delicada hoja caída del tiempo,
desnuda suavidad en llagas frescas,
de sana arcilla húmeda, mujer.

JMGU

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