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sábado, 24 de noviembre de 2018

Después de tantos años
caminando a ninguna parte,
buscando respuestas plenas,
hilando sueños de salvación,
creencias que nadie levantaba...,
esa hondura de lo real, pulcritud,
una libertad tan ingrávida de utopías,
que no sentías el lastre de existir,
sentías el sentir de sentir una implosión
de lágrimas por las que trepabas al amor,
las paredes de mi interior se deshacían,
abanico de luz delicada, suave y tenue.
tras los momentos desnudos de silencio,
viene la lentitud triste de la melaza embarrada
en silogismos que definen axiomas,
que saben a metal y a óxido industrial.

Después de tanto sistema social,
que no encuentra el alma de lo humano,
estructuras y complejidades científicas
que no saben explicar en una única palabra
 la totalidad, ni el amor ni la muerte,
asépticos macro universos sin florestas,
asépticos micro universos sin tus besos,
de tanto ruido que espantan melodías,
de laboratorios que buscan la eternidad,
de tanta velocidad que no dejan contemplar
la dulce lentitud bella de todo lo real,
Nuestro mundo, una distracción de la muerte,
lo laboral un sorbo de agraces sin vocación,
un desván de lo inútil, de lo lento, de la traditio,
botellas milenarias con cartas que guardan verdad,
Dios que siempre invisible y silencioso,
de lo embarrado y de lo encharcado,
saltando a lo infinito de la inocencia,
lo desordenado que se hace vida, y el amor.

Estoy en tierra de nadie y de todos,
gritando desnudo al universo versos,
arriesgando el corazón sin métrica,
sin límites, oliendo la tierra húmeda,
oteando miedos desde la cumbre,
desde aquella montaña de secretos,
alma azulada de sueños cándidos.

Ralentizo mi marcha en el camino,
entraré en la soledad de mi hogar
y junto a mi fogón, crepitando amores,
dejaré que lo sueños se aviven
entre cazuelas y pucheros, y el tiempo,
la única verdad, morir entre esperanzas.

JMGU

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